Dolor, General, Incontinencia anal

EL ESTREÑIMIENTO QUE NO SE TRATA CON LAXANTES…..

¿Sufres estreñimiento y no encuentras un laxante que te vaya bien?

Probablemente se trate de una disfunción intestinal más compleja de lo que acostumbramos a creer y que además suele empeorar con el paso del tiempo.

Cuando alguien no realiza deposiciones con una frecuencia regular, lo hace cada muchos días, sin deseo o con esfuerzo y se encuentra “hinchado” o incómodo, considera que tiene estreñimiento y, habitualmente, con o sin opinión de un médico, “se ayuda” con medidas dietéticas, productos naturales o medicamentos con efecto laxante.

Cuando la dieta y laxantes no resultan eficaces, especialmente tras probar más de un producto o medicamento, es aconsejable consultar un especialista.

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En España, alrededor del 15% de la población sufre esta condición, en distinta medida y 3 veces más las mujeres respecto a los hombres.

Existen dos formas de estreñimiento y dos maneras de sentirse “ocupado”.

  • Cuando el contenido fecal no llega al final del intestino (recto) en un tiempo razonable que, según estudios realizados en la población española, es de una media de 3 días, probablemente se trata de un estreñimiento “verdadero”, que afecta al colon y que definimos de tránsito intestinal lento.

         Esta condición, cuando es leve o afecta sólo una parte del colon, responderá tanto a            medidas dietéticas como a laxantes. Sin embargo, existen casos severos o de muy                larga evolución, en los cuales todo el colon ha perdido su capacidad de contracción            propulsiva del bolo fecal y ni la dieta ni la medicación producen algún efecto                      terapéutico: este estadío de la enfermedad se conoce como inercia cólica y su                    tratamiento es quirúrgico y el profesional más indicado es un cirujano colorrectal              especialista en patología intestinal funcional.

  • Por otra parte, existe una situación clínica mucho más frecuente, que consiste en la dificultad o incapacidad de realizar deposiciones por un problema obstructivo que afecta la parte final del intestino, es decir al recto y/o al ano.

         Muchas pacientes que lo padecen notan como, a pesar de recurrir a múltiples                      medidas dietéticas y todo tipo de medicamento, no consiguen aliviar o solventar su            dificultad para “ir al baño” o de hacerlo de forma satisfactoria. Las heces son                      escasas, a veces como “bolitas” o “estrechas” y es típica la sensación de una                          evacuación incompleta, como si “quedara algo”. Muchas, además, experimentan                que necesitan ayudarse da alguna manera para conseguir evacuar, por ejemplo                  adoptando posturas innaturales, presionando el periné (zona entre ano y vagina) o            introduciendo el dedo en el ano para extraer las heces y de este modo                                    “desocuparse”.

         Esta condición, no obstante conduce al mismo desagradable resultado de no poder            defecar, se debe principalmente a una dificultad expulsiva por una alteración                      estructural o funcional del ano y del recto que se conoce como síndrome                              defecatorio obstructivo.

No es infrecuente encontrar pacientes que sufren de ambos problemas a la vez, aunque con predominio de uno u otro, especialmente cuando arrastran el problema desde hace muchos años sin haber sido valoradas por un especialista.

El síndrome defecatorio obstructivo puede ser debido tanto a alteraciones anatómicas de los órganos pélvicos como trastornos funcionales (es decir que un órgano tiene una estructura normal pero no funciona correctamente) y la gran mayoría de los enfermos que padecen estos problemas de salud son mujeres.

Las alteraciones anatómicas más frecuentes son el rectocele, la invaginación recto-anal o prolapso rectal oculto, el prolapso rectal externo y el enterocele.

La patología funcional más frecuente es la disinergia ano-rectal. Este trastorno consiste en un alteración completa o parcial de los automatismos neuro-musculares que regulan la actividad del ano y del recto al principio del acto defecatorio o durante el mismo. Esta situación se caracteriza, según el paciente y la gravedad del caso, por el fallo de diferentes posibles mecanismos: ausencia de relajación anal, hiposensibilidad rectal, contracción paradójica del esfínter anal (significa que parte de la musculatura anal se contrae en lugar de relajarse al momento de evacuar).

“… los laxantes no me hacen nada”

Las pacientes que padecen síntomas de este tipo difícilmente mejorarán con el uso de laxantes salvo en fases iniciales de su problema, por el hecho de realizar deposiciones no formadas o líquidas; con el tiempo, los esfuerzos defecatorios, los tiempos prolongados para iniciar y completar las deposiciones, así como la pérdida de eficacia de la medicación, agravarán el problema o provocarán la aparición de nuevos trastornos.

Puede ser útil el uso de enemas periódicos, eventualmente diarios, pero el tratamiento más eficaz y resolutivo será la rehabilitación o una intervención quirúrgica.

Si la dificultad defecatoria se debe únicamente o principalmente a un problema de disinergia ano-rectal el tratamiento es la rehabilitación esfinteriana anal que aplica distintos métodos para “re-educar” las estructuras musculares y nerviosas anales y rectales de manera que puedan recuperar los automatismos ancestrales de normalidad de una actividad defecatoria coordinada y eficaz.

En presencia de una alteración estructural sin disinergia ano-rectal, por ejemplo en caso de prolapso rectal oculto o rectocele, el tratamiento implica una resolución quirúrgica y el tipo de operación dependerá del tipo y grado de alteración así como de la coexistencia o no de patología estructural a nivel de otros órganos pélvicos: si se da esta circunstancia, las pacientes se pueden beneficiar de una única intervención para la resolución simultánea de más de un problema.

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